Colgué. Ella volvió a llamar, y colgué de nuevo. El proceso ya había empezado. Por lo menos fue rápido. Juro que morí por dentro esa noche.
Un amigo me llamó, y no le dije nada al respecto. Lo último que me dijo fue: "sé firme". Consideré una cosa horrible, odio admitirlo. Solamente pensé que esas serían tan apropiadas últimas palabras. Pero sigo acá. Y chico. Tan chico, ¿y cómo este problema puede parecer tan grande?
Mientras las palmeras en la brisa todavía soplan verde y las olas en el mar todavía absoluto azul. Pero el horror... Cada cosa que veo es un recordatorio de ella. Nunca pensé que maldeciría el día en que la conocí, y, dado que se fue y no escucharía, ¿a quién le importaría? ¿De qué serviría? Pero sigo acá.
Así que imagino que en un mes, o doce, voy a estar en algún lugar tomando algo, riéndome de algún chiste estúpido o de alguna otra cosa estúpida. Y puedo verme parando en seco, desviándome del presente. Succionado por la corriente y arrastrado profundo. Y ahí estoy, de pie. Pasto húmedo y lápidas blancas, todas en fila. A lo lejos hay una, separada del resto. Entonces me detengo, me arrodillo. Mi nuevo hogar.
E imagino un despertar sobrio, volver a entrar en esta pequeña escena de bar. Sorber de mi vaso hasta que el hielo toque mis labios, pedir otra ronda.
Y eso es por ahora. Perdón, nunca fui muy bueno para los finales felices.
(I'm still here - PJ)
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